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Reflexiones de un rural saliente a otro entrante

Terminé mi año de salud rural en septiembre de este año. Luego de una experiencia de vida de inicio a fin me gustaría compartir lo aprendido con la nueva camada de médicos jóvenes, como tú, que se encuentra a las puertas de lo desconocido a punto de viajar a su sorteo de plaza.

1. Experimenta la rural antes de juzgarla.

Los estudiantes de medicina (me consideraré estudiante toda la vida) tenemos la pésima costumbre de arruinar las etapas inescapables de nuestra carrera a las generaciones que vienen; propagando y heredando cuentos despectivos sobre ellas.

Ocurre con el internado hospitalario o el ciclo “de la muerte”, escuchamos las peores historias solo para darnos cuentas que cada uno enfoca o aprovecha cada experiencia según la vive. Rompe el ciclo, desestima lo que has escuchado sobre el año de salud rural y recíbelo como te llegue. Ya sabrá el tiempo decir si fue bueno o malo.

2. La plaza no la hace solo el lugar sino también la gente.

Durante las semanas previas a mi sorteo, con mis amigos trazábamos líneas de tiempo y distancia entre las plazas y las ciudades principales. Algunos hasta llamaban a los centros de salud personalmente para averiguar sobre facilidades y personal. Cada uno se presentó ese día con una lista y orden de prioridades.

Si eres como yo, te recomiendo llevar tu propia lista, pero es probable que a la mitad del sorteo todos tus planes queden en nada. ¡No te desesperes! Hay mil y un factores que no puedes calcular, y aunque la distancia de tus seres queridos es importante, tu felicidad durante este año va a depender mucho de la gente que coincida contigo: tu equipo de salud, tu personal de distrito y por encima de todos, tu comunidad.

Si la distancia te defrauda, mantén la esperanza que no te falle la gente. Te puedes llevar la sorpresa de tu vida. Tengo amigos que han odiado atender en la esquina de su casa y otros que pasaban meses fuera y faltó poco para que los eligieran alcaldes.

3. Respira hondo y recuerda, ya has estado aquí antes.

Hay pocas cosas peores para un estudiante de medicina que enfrentar lo desconocido. Escuchas los informes y matrices durante la primera semana de capacitaciones y es como cuando aprendías a manejar y pensabas que te ibas a pasar todas las rojas sin darte cuenta (¡Alerta de camarón!). Pero ya lo has hecho antes, ya has atendido en una sala de urgencias, has empezado tratamiento antes de que aparezca el residente o realizado un procedimiento complejo con ayuda.

En la facultad muchas veces desarrollamos un miedo patológico a fallar. Espero que con el tiempo el único miedo que desarrolles es a no intentarlo.

4. Empaca todos tus scrubs y doble muda de actitud.

Los primeros días desconfías de todos y ves una sanción al final de cada reporte sin terminar. Durante los primeros días la única forma segura de odiar tu rural es vivir constantemente a la defensiva. Puede ser un ambiente duro, así que define rápidamente tus funciones y responsabilidades, aprende las normas (el MAIS es tu pastor), llega a acuerdos para dividir el trabajo y se proactivo. Reconoce que hay momentos donde debes exigir, pero también otros en los que hay que ceder. Pierde el orgullo de realizar cosas “para las que no estudiaste 6 años” siempre que sean en beneficio de tu comunidad. No hace falta actitud para amargar a los demás pero se necesita el doble para lograr que trabajen juntos.

5. Tu comunidad es tu oxígeno.

Hay una fina línea entre usar el humor para superar situaciones complejas y burlarse abierta y públicamente de tus pacientes. Ten cuidado con el tipo de médico que eliges ser. Con el tiempo vas a descubrir que el regalo más grande de este año serán la cantidad y calidad de conexiones personales que desarrollas con los miembros de tu comunidad, como pacientes y como personas. Comes en sus casas (¡prohibido negarse!), ríes con ellos en las consultas, sufres cuando no puedes darles respuestas y lloras con ellos las muertes de sus miembros. Refúgiate en su atención diaria cuando el ambiente laboral sea tóxico o las responsabilidades mal distribuidas. Sé testigo de cómo ser médico te permite hacer tan felices a tus pacientes con tan poco.

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